Por qué la carnicera me odia: el truco del 1% que revela si tu embutido es de verdad

Por qué la carnicera me odia: el truco del 1% que revela si tu embutido es de verdad

A todos nos ha pasado. Revisa la lista de ingredientes, busca la menor cantidad de aditivos y, aun así, acabas con un trozo de embutido que deja mucho que desear. ¿Cómo saber si lo que te llevas a casa es auténtica carne o una mezcla de almidón y gelatina? Hay un método infalible, tan simple que hasta tu carnicera de confianza podría enfadarse si lo usas demasiado. Y hoy te cuento por qué.

No esperes a llegar a casa para descubrir que has tirado el dinero. Hay maneras de saber la calidad del embutido en el mismo puesto de la charcutería. Se trata de pequeños trucos que te harán sentir como un detective de la comida.

El truco de los 3 céntimos: La prueba de flexibilidad

Este es el que marca la diferencia, el examen final que desenmascara a los impostores. Pide una loncha muy fina de embutido y, con cuidado, pliégala por la mitad.

  • Calidad superior: Si la loncha se dobla suavemente sin romperse ni desmoronarse, estás ante un producto que contiene carne de verdad. Ha superado la prueba de la flexibilidad.
  • Señal de alarma: Si la loncha se agrieta o se deshace al doblarla, olvídate. Tienes en tus manos una masa repleta de almidón u otros espesantes.

Puede que este gesto te parezca tacaño al pedir solo una loncha fina. Pero piensa en ello: es menos del 1% del coste total del corte, y te ahorra un disgusto (y dinero) importante.

Más allá de la flexibilidad: Olfato y vista

Si el embutido pasa la prueba de la flexibilidad, no te confíes del todo. Aún quedan detalles que revelar:

El aroma: ¿Demasiado perfumado?

Un olor demasiado intenso y «artificial» puede ser una forma de enmascarar la baja calidad o frescura de la materia prima. Busca un aroma natural, a carne, no a cóctel de especias.

El color: Rosa chicle, ¿será verdad?

Los tonos de rosa o burdeos excesivamente vivos en embutidos tipo salchichón o fuet suelen ser obra y gracia de colorantes. Un aspecto más apagado y natural es, generalmente, una buena señal.

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Recuerda: Si un producto necesita gritar su frescura con un color vibrante, es probable que no la tenga.

El último examen: Sabor y cocción

Hay veces que la cata es inevitable, ya sea en casa o si te atreves a pedir una mini-muestra.

El sabor «a papel»: ¿Te suena?

Si al masticar sientes un regusto extraño, como a cartón o a cereal, es muy probable que estés ante una gran cantidad de soja. No está mal que la soja esté presente, pero no debe ser el ingrediente principal de un embutido.

El agua que cambia de color al cocinar

¿Te acuerdas de los cáterings de colegio o las cenas de empresa? Si al cocer unas lonchas de embutido el agua se tiñe de rosa o rojo intenso, eso es un claro indicio de colorantes. Estos se deslavan con el calor, dejando al descubierto la verdadera naturaleza del producto. Y créeme, no querrás darle eso a tu familia.

Confía en tus instintos

Al final, la publicidad puede venderte maravillas, y los envases lucir impecables. Pero tus sentidos a menudo te dirán la verdad que prometen ocultar.

Un embutido de calidad no tiene por qué ser económico, pero un precio bajo no garantiza honestidad. No tengas miedo de pedir permiso para probar un trocito en la charcutería; es tu derecho como consumidor. Y de paso, practica tu truco de la loncha doblada. ¡A ver si la carnicera te mira mal!

¿Qué otros trucos utilizas para elegir un buen embutido en la charcutería?

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