¿Alguna vez te has preguntado cómo celebran las festividades tradicionales las comunidades inmigrantes lejos de su tierra natal? En el corazón de Colorado, un grupo de lituanos ha demostrado que la distancia no es barrera para mantener vivas las costumbres más queridas. A pesar de la falta de nieve, la alegría y el espíritu festivo desbordaron un evento que honra la partida del invierno y la bienvenida de la primavera.
Este año, la escuela lituana de Colorado organizó una celebración de Užgavėnes que reunió a toda la comunidad. La tradición se remonta a los inicios de la escuela, y este 1 de marzo marca su octavo aniversario. De ser un modesto punto de encuentro de fines de semana, se ha transformado en un vibrante centro de lituanidad, uniendo a personas de diferentes generaciones y experiencias. Aunque la nieve escaseaba este año, la energía de los cincuenta asistentes fue tan contagiosa que la despedida del invierno se logró sin mayor esfuerzo.
Los eternos contendientes: Kanapinis y Lašininis
La fiesta comenzó con el choque de dos personajes inmortales: Kanapinis (el hombre de cáñamo) y Lašininis (el hombre grasiento). Su enfrentamiento anual nos transporta de vuelta a las historias que escuchábamos en nuestra infancia, recordándonos el eterno ciclo de las estaciones.
Su presentación y la explicación del simbolismo de sus trajes evocaron el drama ancestral del cambio de año: la abundancia y el ayuno, la pesadez y la ligereza, el invierno y la primavera. Es un recordatorio visual de las dualidades que rigen nuestro mundo.
La energía contagiosa de los niños y la dulzura de los blinis
Pronto, la energía infantil se apoderó del patio con emocionantes carreras de sacos, tirones de cuerda y concursos de comer blinis de la forma más rápida. Mientras los niños saltaban en sus sacos, los adultos intentaban ayudar, pero la pequeña Elenutė, de apenas cuatro años, exclamaba con determinación: «¡Yo sola, yo sola!» y saltaba incansablemente hasta la meta.
Este momento se convirtió en un pequeño pero poderoso símbolo de la celebración: una generación joven independiente, valiente y alegre. La competencia de comer blinis sin usar las manos provocó carcajadas entre los presentes. Viendo los platos vacíos, los padres bromeaban: «¡Parece que los blinis son tan deliciosos que en casa tendremos que buscar nuevas formas de servirlos para que los platos desaparezcan tan rápido!».
Este humor, mezclado con el aroma de los blinis y las emociones de los niños, unió aún más a todos los reunidos. El aroma, las risas infantiles y el bullicio general crearon esa rara ocasión en la que el tiempo parece detenerse y uno se da cuenta de que está exactamente donde debe estar.

La épica batalla y el simbolismo de More
La mayor expectación se centró en la lucha entre Kanapinis y Lašininis. Volaron almohadas, resonaron las risas y, en medio de la divertida refriega, ¡hasta se le cayó la salchicha a Lašininis! La victoria, como debía ser, fue para Kanapinis, y con ella, el sol pareció brillar con más intensidad, el viento se calmó y se sintió que la primavera ya estaba a la vuelta de la esquina.
Tras la batalla, todos, cubiertos con máscaras y disfraces, bailaron danzas folclóricas lituanas. Luego, quemaron a More, una figura de paja confeccionada por los niños. En las llamas, se despidieron simbólicamente de todo lo largo y pesado del invierno. El humo ascendió, como llevando el mensaje: la primavera está en camino.
La mesa común: un pedacito de Lituania en América
La fiesta culminó con una mesa común, repleta de blinis horneados por los maestros, padres de los niños y los abuelos. Compartir comida, conversaciones y rostros conocidos crearon ese sentimiento de cercanía tan especial, que en la diáspora adquiere un significado aún más profundo: cada encuentro se convierte en una pequeña Lituania.
Este año, entre los asistentes hubo muchas familias nuevas, algunas con niños que recién descubrían la escuela y otras cuyos hijos ya la habían terminado pero que siempre regresan. Estas reuniones se convierten en un puente; a través de él, las personas se acercan al entorno lituano por primera vez y sienten el deseo de seguir recorriéndolo.
Hoy en día, la escuela lituana de Colorado es un faro de lituanidad, uniendo lituanos de diferentes generaciones y experiencias para la convivencia y la continuación de las tradiciones. Ver a los niños crecer en Colorado, vitoreando en lituano, bailando danzas tradicionales y esperando con la misma alegría el desenlace de la lucha entre Kanapinis y Lašininis, es la prueba más contundente de que las tradiciones viven aquí en la vida cotidiana.
Esa tarde, en el patio de la escuela no solo se despidió al invierno, sino que una vez más sentimos lo maravilloso que es estar juntos y cómo, a pesar de la distancia de Lituania, las costumbres lituanas nos unen en una gran familia. Agradecemos sinceramente a todos los participantes, voluntarios y patrocinadores, gracias a quienes esta fiesta se convirtió en un testimonio más vivo de la lituanidad en Colorado.
Por Edita Buzėnienė, directora de la escuela lituana de Colorado, y Austėja Labanauskaitė, profesora en prácticas.



