En España, al igual que en muchos países, la historia está llena de momentos cruciales que definen nuestra identidad. Pero, ¿qué sucede cuando las palabras de figuras políticas comienzan a reinterpretar esos momentos de forma tan drástica? Recientemente, una declaración del político lituano Remigijus Žemaitaitis ha causado un verdadero revuelo al cuestionar la forma en que recordamos uno de los días más sagrados de Lituania: el 11 de Marzo, día de la restauración de la independencia.
Žemaitaitis, en una emisión en directo, se atrevió a calificar a los firmantes del Acta de Independencia como «participantes de una insurrección». Esta audaz afirmación, lejos de ser una mera anécdota política, toca las fibras sensibles de la memoria colectiva y nos obliga a reflexionar sobre cómo narramos nuestro pasado, especialmente cuando las interpretaciones chocan frontalmente con las narrativas oficiales y los sentimientos populares.
El controversial término: «¿Participantes de una insurrección?»
La primera vez que escuché esto, confieso que me quedé perplejo. Žemaitaitis, durante una entrevista en el canal de YouTube «OpTV», en lugar de referirse a los signatarios como los héroes de la independencia que todos conocemos, utilizó el término «sukilėliai», que se traduce no solo como insurgentes, sino también como rebeldes o participantes de un levantamiento. Insistió en que celebrar el 11 de Marzo no era simplemente un acto de «restauración de la independencia», sino más bien la conmemoración de una «revolución» o «golpe de estado» organizado.
Las razones detrás de la declaración
El político argumentó que el «Movimiento Sąjūdis», que culminó en la independencia, fue un «golpe» organizado que derrocó el poder soviético. En su opinión, este evento fue comparable a las revoluciones de colores que hemos visto en otros lugares del mundo, y quienes participaron en él deben ser vistos como «participantes de una insurrección».
La presentadora de la emisión, Rūta Janutienė, intentó mediar, sugiriendo que quizás «se volcó la situación, pero no se hizo un golpe». Sin embargo, Žemaitaitis no cedió, reafirmando su postura en un video posterior compartido en la mañana del 11 de Marzo. Hizo hincapié en que el 11 de Marzo, al igual que el 16 de Febrero (día de la independencia), fue una «insurrección».

La memoria colectiva en juego
Según Žemaitaitis, muchos lituanos creen erróneamente que el 11 de Marzo fue un proceso espontáneo. Él está convencido de que fue un «levantamiento» y un «golpe de estado» – una transición completa de un régimen político a otro. Citó la revolución en la Unión Soviética y los países bálticos como un ejemplo de gente saliendo a las calles, comparándolo, de forma algo sorprendente, con el intento de Trump de generar una revolución en Irán.
Es fácil desestimar estas palabras como meras provocaciones políticas. Sin embargo, me pregunto: ¿qué impacto tienen estas narrativas revisadas en la percepción de la historia, especialmente para las nuevas generaciones que no vivieron esos eventos? ¿Cómo afectan a la unidad nacional y al respeto por los símbolos patrios?
Un llamado a la reflexión
Žemaitaitis concluyó sus declaraciones enfatizando la necesidad de proteger y valorar la independencia recuperada a través de este «golpe». Pero también subrayó la importancia de escuchar lo que los signatarios del Acta de Independencia dijeron en su momento y la intención original detrás de sus acciones, sugiriendo que sus palabras ahora se interpretan de diversas maneras.
Personalmente, creo que la historia es un campo de estudio en constante debate. Sin embargo, la forma en que se retuercen los hechos históricos puede ser peligrosa. **Calificar a figuras que lucharon por la libertad de un país como «insurgentes» o «participantes de un golpe» puede trivializar la lucha por la independencia y sembrar la discordia.**
- Es vital recordar que el 11 de Marzo se celebra el Día de la Restauración de la Independencia de Lituania.
- En esa fecha, el Consejo Supremo — el Seimas de Restauración — firmó el Acta de Restauración de la Independencia de Lituania.
- Estos actos no fueron meras formalidades, sino el resultado de años de resistencia y el anhelo de libertad.
Me llama la atención cómo, a veces, para ciertos políticos, las narrativas históricas se convierten en meras herramientas para conseguir sus propios fines, ignorando el valor que tienen para la cohesion social y la identidad nacional. ¿Ustedes qué opinan? ¿Creen que este tipo de declaraciones ayudan o perjudican la memoria histórica de un país?



