El combustible se agota mientras la crisis de Cuba se agrava

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Servicios esenciales al límite mientras la escasez se extiende por toda la isla

La profundización de la crisis energética en Cuba está paralizando el transporte, el suministro eléctrico y la vida cotidiana de millones de personas. Años de deterioro económico y aislamiento político han chocado de frente con una realidad que ya no puede ocultarse.

La gasolina se ha vuelto tan escasa que llenar el depósito de un automóvil puede costar alrededor de 300 dólares, una cifra que supera el salario anual medio de un cubano. Las colas frente a las gasolineras se alargan cada día, y los cortes de luz forman ya parte de la rutina diaria.

La situación ha generado una frustración visible entre la población. En varios barrios de La Habana estallaron protestas después de que las autoridades reconocieran públicamente la gravedad de los problemas con el combustible y el agravamiento de los apagones.

Ståle Wig, antropólogo social de la Universidad de Oslo que vivió en Cuba y mantiene contacto con personas en la isla, lo expresó con claridad: «Estados Unidos ejerce en este momento una presión históricamente intensa sobre Cuba. No hay ninguna duda de que lo que la administración Trump quiere lograr allí es un cambio de régimen.»

La escasez de combustible llega a hospitales y escuelas

Lo más preocupante es que la crisis está golpeando precisamente los sectores que Cuba siempre ha exhibido como logros de su sistema político. Los hospitales sufren falta de personal y medicamentos, y muchos niños reciben clases apenas una o dos veces por semana.

«Los hospitales están con poco personal y sin medicamentos. Los niños van a clase una o dos veces a la semana y apenas tienen profesores», señaló Wig, describiendo una situación que contrasta radicalmente con la imagen que el gobierno cubano ha proyectado durante décadas.

El ejecutivo cubano ha atribuido gran parte del daño económico a las sanciones estadounidenses y las restricciones financieras impuestas por Washington. Las autoridades norteamericanas, por su parte, apuntan a la mala gestión estatal, la represión y la ausencia de reformas estructurales como causas principales del colapso.

El viejo conflicto entre Cuba y Washington sigue marcando el presente

Para entender la situación actual hay que mirar atrás. Tras la revolución de Fidel Castro en 1959, las relaciones con Estados Unidos se deterioraron rápidamente cuando La Habana se acercó a la Unión Soviética. En 1961, una fuerza de exiliados cubanos respaldada por la CIA intentó derrocar a Castro en el frustrado desembarco de Bahía de Cochinos.

Al año siguiente, la Crisis de los Misiles llevó a la Guerra Fría al borde del conflicto nuclear, tras el despliegue de misiles soviéticos en territorio cubano. Durante décadas, el apoyo de Moscú permitió a la isla abastecerse de petróleo y bienes básicos. Cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991, Cuba entró en una grave recesión marcada por la escasez de alimentos, combustible y electricidad.

Venezuela tomó el relevo como proveedor de petróleo subvencionado, pero ese apoyo se fue debilitando conforme la propia economía venezolana se hundía. Desde entonces, Cuba ha tenido cada vez más dificultades para asegurarse el combustible y las divisas que necesita para funcionar.

El control estatal persiste mientras la vida cotidiana empeora

Según Wig, el liderazgo cubano actual está impulsado menos por la ideología revolucionaria que por el control de intereses económicos de gran envergadura. «Las autoridades hacen negocios con grandes intereses comerciales, ya sea con Rusia, otros países o cadenas hoteleras multinacionales», afirmó el investigador.

Las personas con vínculos con el ejército, el Partido Comunista y el aparato estatal han ido acumulando mayor influencia sobre los sectores más rentables de la economía cubana. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie enfrentan menos servicios públicos, menor poder adquisitivo y una confianza cada vez más erosionada en las instituciones.

Para la mayoría de los habitantes, la pregunta es absolutamente concreta: si los autobuses circularán, si los hospitales tendrán medicamentos, si las escuelas permanecerán abiertas y si las luces seguirán encendidas al llegar la noche.

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