Una brecha que la medicina todavía no ha cerrado
A pesar de los enormes avances conseguidos en cardiología durante las últimas décadas, las mujeres siguen teniendo peores tasas de supervivencia tras sufrir un infarto de miocardio. La diferencia no es menor ni anecdótica.
Tanto las diferencias biológicas entre sexos como la mayor dificultad para interpretar los síntomas femeninos parecen jugar un papel decisivo en este desequilibrio. A continuación, respondemos a las preguntas más importantes sobre el infarto y cómo reducir sus riesgos.
Qué ocurre exactamente durante un infarto
Un infarto de miocardio se produce, en la mayoría de los casos, cuando un coágulo de sangre bloquea una de las arterias coronarias del corazón. Al interrumpirse el flujo sanguíneo, el músculo cardíaco recibe menos oxígeno del necesario, lo que puede provocar daños irreversibles en el tejido.
Según Kristina Sparreljung, secretaria general de la Fundación Corazón-Pulmón de Suecia, una falta prolongada de oxígeno deteriora la capacidad de bombeo del corazón y puede generar problemas permanentes de salud.
Factores de riesgo y síntomas que conviene conocer
Diversos factores elevan las probabilidades de sufrir un infarto. Entre los más relevantes se encuentran la edad avanzada, los antecedentes familiares, los niveles altos de colesterol, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y una alimentación poco saludable.
El estrés crónico también puede influir negativamente en el riesgo cardiovascular.
El síntoma más habitual es un dolor intenso en el centro del pecho que dura al menos 15 minutos. Esa molestia puede irradiarse hacia el brazo, la mandíbula, el cuello, la espalda o el abdomen. Las náuseas, el mareo y una sensación intensa de angustia son igualmente frecuentes.
Sparreljung advierte que los llamados infartos silenciosos, en los que el dolor está ausente o resulta poco evidente, son más comunes en mujeres, personas mayores y pacientes con enfermedades previas.
Cómo se trata un infarto
El objetivo del tratamiento es restablecer el flujo sanguíneo lo antes posible. Con frecuencia se recurre a la angioplastia con balón, conocida también como ICP o intervención coronaria percutánea. En algunos casos se administran fármacos trombolíticos o se realiza una cirugía de bypass coronario.
Las mujeres sufren consecuencias más graves a largo plazo
Después de un infarto existe riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca si una parte significativa del músculo cardíaco ha quedado dañada. En ese proceso puede formarse tejido cicatricial que compromete el funcionamiento del corazón.
Para reducir la probabilidad de nuevos episodios cardíacos, los pacientes suelen recibir medicación destinada a controlar el colesterol y la presión arterial, además de fármacos anticoagulantes. El ejercicio físico y los cambios en el estilo de vida constituyen también una parte esencial de la rehabilitación.
Un estudio del Instituto Karolinska reveló que una mujer que sufre un infarto a los 50 años pierde, en promedio, 7,5 años de esperanza de vida. En hombres de la misma edad, la cifra equivalente ronda los cuatro años.
Una de las explicaciones posibles es que el corazón femenino es generalmente más pequeño y sus arterias más estrechas, lo que complica tanto el diagnóstico como el tratamiento. Además, las mujeres suelen acudir al médico más tarde y experimentan con mayor frecuencia síntomas difusos o atípicos.
Por qué actuar rápido puede marcar la diferencia
Los expertos subrayan la importancia de tomarse en serio cualquier señal de alarma y buscar atención médica de inmediato ante la mínima sospecha de infarto. Un tratamiento precoz puede resultar determinante tanto para la supervivencia como para la calidad de vida posterior.
Ignorar o minimizar los síntomas, especialmente cuando son poco definidos, es uno de los errores más comunes y también uno de los más costosos.



