Vendieron dos pisos y construyeron la casa de sus sueños en Italia. El resultado enamora por su sencillez

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Una villa blanca entre olivos, piedra local y terrazas transitables

Algunos proyectos nacen de la necesidad de tener un hogar; otros, de una visión puramente inversora. Villa Normanni surgió de ambas motivaciones al mismo tiempo. La arquitecta Markéta Killi decidió buscar un lugar en el sur de Europa donde, con un presupuesto razonable, fuera posible levantar una residencia vacacional de primera categoría. La financiación llegó gracias a la venta de dos inmuebles en Praga.

La elección recayó sobre Apulia, una región que lleva años viviendo un auge turístico e inversor sin perder por ello su carácter auténtico. Enclavada entre el Adriático y el mar Jónico, la propiedad se compone de dos edificios rodeados de olivares centenarios. Según reconoce la propia autora, el proyecto fue adquiriendo rápidamente una dimensión personal: su marido se implicó activamente en el proceso creativo, y lo que empezó como un negocio acabó convirtiéndose en algo mucho más significativo.

Arquitectura arraigada en el paisaje

Villa Normanni se articula en torno a una villa principal de nueva construcción y una edificación más pequeña rehabilitada a partir de un antiguo almacén agrícola. El diseño bebe directamente de las tradiciones constructivas locales. El volumen blanco de planta baja incorpora elementos característicos de la región: escaleras exteriores que ascienden hasta una cubierta transitable, esquinas suavemente redondeadas, chimeneas y pilares tradicionales, y muros de piedra tufo extraída de la zona.

Los materiales del exterior también juegan un papel determinante. Los pavimentos están elaborados con pietra Leccese, una caliza empleada en la arquitectura del sur de Italia desde hace siglos. Las pérgolas y las pantallas de caña proporcionan sombra y protegen eficazmente del intenso sol mediterráneo. El resultado es una casa que parece haber existido siempre en ese lugar, como si el paisaje la hubiera generado de forma natural.

Interiores inspirados en la calma

En el interior reina la misma disciplina proyectual. En lugar de ornamentación excesiva, aparece una sobriedad muy consciente. La base de la decoración son materiales naturales: madera, lino, ratán y piedra. Sus distintas texturas componen un fondo rico pero discreto para la vida cotidiana.

Estos espacios encarnan a la perfección una de las tendencias más poderosas de los últimos años: el minimalismo mediterráneo contemporáneo. No se trata de una frialdad aséptica, sino de construir confort a través de los materiales, la luz y las proporciones. Las superficies naturales envejecen con dignidad, y sus imperfecciones pasan a formar parte de la identidad estética de la casa.

La frontera entre interior y jardín prácticamente desaparece

Una de las soluciones más llamativas del proyecto son las grandes ventanas plegables de gran formato orientadas hacia la piscina y el olivar. Al abrirlas, el límite entre la casa y el paisaje deja de existir. El salón, las terrazas y el jardín se funden en un único espacio vital.

Esta decisión responde de manera ideal al clima mediterráneo, donde buena parte de la vida cotidiana se desarrolla al aire libre. La arquitectura no compite con el entorno, sino que lo abraza y lo integra.

Una casa diseñada para vivir al aire libre

La villa fue concebida como un lugar de descanso durante todo el año. Además de las zonas habitables, el proyecto incluye pérgolas, porches, una cocina exterior, una terraza con chimenea, piscina y una amplia zona de relax. En la práctica, la casa funciona como un pequeño resort privado, pero desprovisto de cualquier artificialidad hotelera.

El edificio más pequeño actúa como apartamento independiente con salón, cocina, dormitorio y baño, con un carácter más rústico. En su tejado se han colocado dos figuras cerámicas de Pino que, según la tradición local, traen buena suerte a quienes habitan la casa.

El diseño checo se encuentra con Apulia

Un elemento especialmente interesante del proyecto es el mobiliario. La mayor parte de las piezas fueron traídas desde la República Checa y complementadas con elementos diseñados a medida. Gracias a ello, los interiores evitan la estilización estereotipada de la casa de vacaciones italiana.

En lugar de copiar los patrones locales, el resultado propone una interpretación propia de la vida mediterránea, más personal y auténtica que cualquier reproducción de manual.

La autosuficiencia como componente del lujo

Villa Normanni fue proyectada pensando en un uso continuado a lo largo de todo el año. La casa cuenta con calefacción, aire acondicionado e instalación fotovoltaica. El agua proviene de un pozo propio de 200 metros de profundidad, y el agua de lluvia se recoge en una cisterna específica. Junto al aparcamiento se ha instalado además un punto de recarga para vehículos eléctricos.

En este proyecto, la tecnología no es un añadido puntual, sino una parte integral de la arquitectura. El confort moderno y la estética atemporal conviven sin tensiones aparentes.

Markéta Killi

Arquitecta checa especializada en proyectos residenciales y de interiorismo. En sus obras combina la funcionalidad contemporánea con el contexto cultural y material de cada lugar. Villa Normanni es un proyecto de autoría propia en el que la experiencia profesional se fusionó con una historia personal y una visión inversora clara y coherente.

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  • ¡Hola! Soy Lucía, una apasionada de la organización y buscadora incansable de soluciones creativas. Mi misión es compartir trucos prácticos y artículos curiosos que transformen tu rutina. Desde consejos de hogar hasta bienestar, aquí encontrarás inspiración real para una vida más sencilla y feliz.

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