Durante años fue reformado sin criterio. Hoy esta casa de 1811 asombra al mundo entero

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Una metamorfosis que ha enamorado a arquitectos de todo el mundo

¿Cómo se renueva una casa de más de doscientos años sin convertirla en un museo? Los arquitectos del estudio yh2 encontraron la respuesta. El histórico Maison Aubé, ubicado en Saint-Eustache, en la provincia canadiense de Quebec, ha recuperado su esencia original al tiempo que ha ganado una extensión contemporánea camuflada entre los árboles. El resultado impresionó tanto al jurado de la Asociación de Arquitectos de Quebec que le otorgó el Premio de Excelencia en Arquitectura 2026.

Demolieron el anexo y redescubrieron la belleza original de una casa del siglo XIX

Hay edificios que son mucho más que arquitectura. Se convierten en crónicas de familias enteras, en testimonios de épocas y transformaciones sociales. Eso es exactamente lo que representa el Maison Aubé, una residencia histórica que se alza a orillas del río Rivière des Mille Îles, en la localidad de Saint-Eustache.

La casa fue construida en 1811 siguiendo el modelo típico de la llamada Maison des Patriotes. Durante décadas permaneció en manos de la misma familia, y el extenso jardín que la rodeaba fue transformándose poco a poco en un espacio de vida multigeneracional. Con el tiempo, fueron apareciendo ampliaciones, adaptaciones y construcciones añadidas alrededor del edificio principal. Aunque cada una respondía a las necesidades del momento, en conjunto carecían de una visión arquitectónica coherente.

El punto de inflexión llegó cuando los propietarios decidieron devolver a la casa su carácter original y, al mismo tiempo, crear un espacio adaptado a los modos de vida contemporáneos.

El desafío más difícil: respetar la historia sin detener el tiempo

El proyecto estuvo a cargo del prestigioso estudio canadiense yh2, fundado por los arquitectos Marie-Claude Hamelin y Loukas Yiacouvakis. Su objetivo no era crear un icono arquitectónico llamativo. Lo realmente importante era encontrar el equilibrio entre la protección del patrimonio y las nuevas funciones que debía asumir el edificio.

Los arquitectos comenzaron por eliminar un anexo posterior que llevaba años distorsionando las proporciones del volumen histórico. Gracias a esa demolición fue posible recuperar la forma original de la casa. También se renovaron las ventanas, la carpintería y los detalles arquitectónicos, preservando su aspecto histórico. Los nuevos acristalamientos incorporan vidrios de doble capa con eficiencia energética, pero están divididos de una manera que remite a las ventanas originales de hace dos siglos.

Asimismo, se restauró el tejado tradicional recubierto de teja de cedro, eliminando las buhardillas que habían sido añadidas posteriormente.

Un interior que pone en valor lo más preciado

Los cambios más profundos tuvieron lugar en el interior. En lugar de disimular la antigüedad del edificio, los diseñadores decidieron convertirla en protagonista.

La estructura de madera al descubierto se convirtió en uno de los elementos centrales de la composición. Los elementos dañados por el paso del tiempo fueron restaurados con esmero, y allí donde fue necesario incorporar soluciones nuevas, los arquitectos optaron por mostrar de forma deliberada los puntos de encuentro entre lo antiguo y lo contemporáneo.

La chimenea recuperó su protagonismo de manera especial. Situada en un nuevo espacio de doble altura, vuelve a ejercer su función como corazón de la casa, el lugar alrededor del cual se concentra la vida cotidiana de sus habitantes.

Las paredes de piedra también fueron restauradas con gran cuidado, dejando a la vista la materia auténtica del edificio. En todo el interior se aplicó un criterio minimalista respecto a los materiales nuevos, lo que permite que los elementos históricos permanezcan siempre en primer plano.

La nueva parte casi desaparece entre los árboles

Uno de los aspectos más fascinantes del proyecto es su ampliación contemporánea. En lugar de competir con la casa histórica, el nuevo volumen se subordina de manera consciente al paisaje que lo rodea.

El edificio literalmente se funde con el jardín. Su forma fue adaptada a los árboles existentes, de modo que la arquitectura parece rodear la naturaleza en lugar de imponerse sobre ella. Este enfoque se inscribe en una de las tendencias más relevantes del diseño actual: la arquitectura paisajista basada en el respeto por el ecosistema preexistente.

Las fachadas están revestidas de cedro teñido en un profundo tono ébano, complementado con ventanas de madera negra y un tejado cubierto de cantos rodados de río. La combinación de materiales hace que el edificio se integre de manera casi imperceptible en el entorno.

La pasarela de cristal crea una experiencia espacial única

La casa histórica y la nueva ampliación quedan unidas por un corredor acristalado. Este elemento no cumple únicamente una función de comunicación entre ambos volúmenes.

Visto desde el exterior, la estructura de vidrio refleja los árboles, el cielo y el jardín, volviéndose casi invisible. Desde el interior, funciona como un espacio de transición entre dos mundos arquitectónicos radicalmente distintos.

Este tipo de soluciones es hoy especialmente valorado por conservadores y arquitectos especializados en la adaptación de edificios históricos, ya que permiten preservar la legibilidad de la estructura original mientras se incorporan funciones modernas.

Una arquitectura al servicio de la familia

La nueva parte alberga dormitorios, un despacho, un cuarto de baño y una zona recreativa. El pasillo central sigue la pendiente natural del terreno, aprovechando un sistema de rampas suaves perfectamente integradas en el conjunto.

Especialmente llamativo resulta el dormitorio principal. Ligeramente proyectado respecto al edificio histórico, garantiza la privacidad a pesar de sus amplios acristalamientos. Las vistas al jardín, al río y a las copas de los árboles se convierten así en un elemento esencial de la experiencia diaria de sus habitantes.

Los interiores de la nueva parte continúan el diálogo con la historia. El equivalente de la estructura de madera expuesta del edificio antiguo son aquí las vigas del techo al descubierto y los techos oscuros de madera, que imprimen ritmo y profundidad al espacio.

Una casa que no es un monumento, sino algo mucho más vivo

Fue precisamente esa capacidad para mantener un diálogo entre el pasado y el presente lo que le valió al proyecto el Premio de Excelencia en Arquitectura 2026 de la Asociación de Arquitectos de Quebec.

El Maison Aubé demuestra que la mejor arquitectura no consiste en crear formas espectaculares. En ocasiones, el mayor logro es preservar la memoria de un lugar e integrarla en las necesidades de la vida contemporánea.

Hoy, tres edificios comparten el mismo jardín, formando un relato coherente sobre familia, paisaje y arquitectura. Como señalan los propios autores del proyecto, la casa histórica «en lugar de quedar congelada en el tiempo, se convierte en un repositorio de memoria: la memoria de un lugar que se escribe sin cesar, se reinterpreta y se transmite a las generaciones siguientes».

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  • ¡Hola! Soy Lucía, una apasionada de la organización y buscadora incansable de soluciones creativas. Mi misión es compartir trucos prácticos y artículos curiosos que transformen tu rutina. Desde consejos de hogar hasta bienestar, aquí encontrarás inspiración real para una vida más sencilla y feliz.

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