En pleno enero, justo cuando el frío aprieta y ese deseo de una ducha caliente se vuelve casi una necesidad vital, un grifo que gotea o un termostato que no responde puede convertir tu momento de relax en una pesadilla. La tentación de salir corriendo a comprar un modelo nuevo y brillante es grande, pero ¡cuidado! Justo ahí se esconde un peligro que muchos pasan por alto y que puede acabar con tu azulejo y tu paciencia: la tubería flexible que va empotrada en la pared. Antes de ponerte manos a la obra y arriesgarte a una reparación mayor, te contamos el método infalible que te ahorrará hasta 9 de cada 10 averías.
El gran temor del fontanero: el daño oculto
La verdadera batalla al cambiar un grifo no suele estar en instalar el nuevo, sino en soltar el viejo. Con el paso del tiempo, el sarro y la corrosión hacen que las tuercas parezcan soldadas. Empujarlas con fuerza puede ser fatal para las tuberías que no vemos, esas que residen tras la pared. Un giro equivocado y ¡zas!, puedes acabar rompiendo el azulejo para reparar un tubo de cobre torcido. Pero no te preocupes, hay una forma de evitar este desastre.
Corta el agua: la regla de oro antes de empezar
Olvídate de la caja de herramientas por un momento. Lo primordial es asegurarte de que el agua está completamente cortada. Busca la llave de paso general de tu casa o, si las tienes, las llaves de corte individuales del baño. Si te olvidas de esto, prepárate para un pequeño diluvio. Una vez cortada, abre los grifos para vaciar la presión restante. Trabajar con el circuito vacío no solo protege tu suelo, sino que evita sorpresas desagradables.
El error que te cuesta caro: la llave inglesa improvisada
La tentación de coger la primera llave que encuentres, como una llave inglesa o incluso una tenaza, es fuerte. Pero aquí está el primer gran error. Estas herramientas, aunque útiles para otras cosas, son las enemigas de las conexiones de fontanería. Tienden a aplastar la tuerca en lugar de aflojarla, deformándola y dificultando aún más su salida. Peor aún, la fuerza desigual que aplican puede hacer girar el latiguillo excentrado que está dentro de la pared. Si el tubo de cobre se retuerce, el daño es considerable y ahí sí que tendrás que llamar a un profesional.
El secreto de los profesionales: cero fuerza, máxima efectividad
Olvídate de la fuerza bruta. Los fontaneros expertos saben que la sutileza química es mucho más efectiva y segura. Y es ahí donde reside el verdadero «hack» que protegerá tu instalación.
El aliado inesperado: el spray ‘antigripaje’
El verdadero héroe de esta historia no es de metal, sino un simple bote en aerosol. Hablamos de un buen lubricante o desatascador de alta calidad (tipo WD-40 o similar). La clave está en rociar generosamente las tuercas del grifo viejo, asegurándote de que el producto penetre bien en la rosca. Este líquido tiene la magia de infiltrarse en las grietas del sarro y la corrosión, actuando como un potente lubricante donde el agua se ha secado y endurecido las juntas con los años.

Paciencia es la clave: deja que el producto haga su magia
Aquí es donde entra en juego tu mayor virtud: la paciencia. Después de rociar, no te lances con las herramientas todavía. Dale al producto al menos entre quince y veinte minutos para que haga su trabajo de disolver los depósitos de cal. En invierno, el metal se contrae por el frío, haciendo las piezas aún más difíciles de mover. Este tiempo de espera es crucial para que la química rompa esas uniones microscópicas. Puedes aprovechar para desempaquetar tu nuevo grifo o preparar el área de trabajo.
La técnica ‘pro’: cómo desenroscar sin dañar
Una vez que la química ha hecho su parte, es hora de la acción mecánica. Pero ojo, la herramienta y el movimiento son fundamentales para no arrancar nada.
Elige la llave correcta: adiós resbalones
Para un desmontaje seguro, necesitarás una llave fija (normalmente de 30 mm o 32 mm, comprueba tu modelo). A diferencia de la llave inglesa, que puede tener holgura, o la tenaza, que resbala, la llave fija ofrece un agarre perfecto. Transfiere la fuerza de rotación directamente a la tuerca, minimizando el estrés en el tubo de la pared. Asegúrate de que la llave encaje a la perfección para evitar cualquier deslizamiento que pueda rayar el cromo o golpear el azulejo.
El giro suave: libera el grifo sin ‘accidentes’
El movimiento debe ser firme pero constante. Evita tirones bruscos. Coloca la llave en horizontal y aplica una presión suave pero continua haciendo palanca hacia abajo (en sentido contrario a las agujas del reloj). Si notas resistencia, no te desesperes ni fuerces. Un segundo spray de lubricante y unos minutos más de espera son mucho mejores que un tubo roto. El objetivo es sentir ese pequeño «clic» liberador que te indica que la tuerca por fin gira libre.
El toque final: lo nuevo sobre lo intacto
¡Lo más difícil ya está hecho! El viejo grifo está fuera y las conexiones de la pared están como nuevas. Ahora solo queda rematar la faena para disfrutar de esa ducha que tanto te mereces.
Instalación y comprobación: garantía de no fugas
Antes de instalar el nuevo, limpia bien las roscas para eliminar cualquier residuo de las juntas viejas y del lubricante. Coloca las nuevas juntas (normalmente vienen con el grifo nuevo) y aprieta con moderación. No es necesario hacer una fuerza excesiva; basta con apretar a mano y luego un cuarto de vuelta con la llave. Al abrir el agua de nuevo, hazlo poco a poco y revisa detenidamente que no haya ni una sola gota fuera de lugar.
En resumen: agua cortada, herramienta adecuada y lubricante, ¡la combinación ganadora!
Dominar esta tarea, y evitarte así la visita de un fontanero, no requiere ser un manitas experto. El secreto, como ves, está en seguir una metodología sencilla: cortar el agua, usar la llave correcta y aplicar un buen lubricante para cuidar las conexiones. Con este trío de «cortar, lubricar, desenroscar», el riesgo de dañar las tuberías se reduce a cero. Lo que antes era una tarea potencialmente desastrosa se convierte en una simple operación de mantenimiento.
Cuidar tu casa a menudo es cuestión de método más que de fuerza. Cambiar un grifo es un claro ejemplo. Siguiendo estos sencillos pasos, no solo alargarás la vida útil de tus instalaciones, sino que también te ahorrarás un buen dinero. Ahora que tu ducha está como nueva, ¿por qué no te animas a revisar las juntas de silicona de tu bañera para asegurar la estanqueidad total de tu baño?



