Febrero de 2026. Los días tímidamente se alargan y la impaciencia crece en quienes esperan las primeras gallinas ponedoras de la temporada. El gallinero ha estado vacío todo el invierno, y las ganas de huevos frescos se hacen sentir. Ante el frío persistente, un impulso natural, dictado por la bondad, lleva a muchos criadores aficionados a aumentar las raciones de sus aves para ayudarles a combatir las bajas temperaturas. Sin embargo, esta generosidad puede tener el efecto contrario al esperado. Al intentar proteger el rebaño del hielo, a menudo cometemos sin saberlo un error nutricional importante que bloquea el retorno natural de la puesta.
El secreto para que la actividad vuelva al gallinero no reside en la cantidad de comida que les das, sino en un equilibrio preciso que el invierno tiende a hacernos olvidar. Te explico por qué.
El exceso de grano en invierno: una falsa buena idea que satura a tus gallinas
Es una costumbre pensar que para calentar a una gallina hay que darle «combustible» en forma de grano, especialmente maíz. Esta práctica, arraigada en las costumbres rurales, se basa en que el maíz es rico en energía y ayuda efectivamente al animal a mantener su temperatura corporal durante las noches gélidas de diciembre y enero.
Sin embargo, seguir llenando los comederos con mezclas de cereales ricas en esta época de febrero se vuelve contraproducente. El principal problema es la ganancia de peso.
Una gallina demasiado gorda ve sus capacidades de puesta drásticamente reducidas. El exceso de grasa abdominal comprime el oviducto, dificultando o incluso imposibilitando la expulsión del huevo. Además, el hígado, órgano central en la síntesis de los elementos necesarios para el huevo, se ve sobrecargado por el procesamiento de carbohidratos y lípidos.
Pensando en hacerles un favor con una doble ración de trigo o maíz triturado, el criador en realidad favorece el engorde del animal en detrimento de su función reproductiva. Es precisamente este exceso de grano el que desequilibra la alimentación invernal y retrasa el tan esperado retorno de la puesta.
El déficit de proteínas: el freno invisible para la puesta
Si los granos proporcionan energía calórica, lamentablemente son muy pobres en los materiales de construcción necesarios para la fabricación del huevo. El huevo es una excelente fuente de proteínas; para producirlo, la gallina necesita un aporte constante de aminoácidos.
En invierno, el acceso natural a insectos, lombrices de tierra y vegetación es limitado, o incluso inexistente si el suelo está helado o cubierto de nieve. Si la ración diaria se compone mayoritariamente de cereales, el animal se encuentra en una carencia.
Este déficit proteico envía una clara señal al organismo de las aves: los recursos son insuficientes para asegurar la supervivencia de una cría. En consecuencia, el sistema reproductivo permanece en espera.
Para desbloquear la situación en febrero, es imperativo reducir la parte de cereales energéticos y reintroducir fuentes de proteínas asimilables. Sin este reajuste, y a pesar del regreso de la luz, el ciclo de puesta tardará en reiniciarse.
El calcio: el gran olvidado de las raciones invernales
La formación de la cáscara requiere una movilización masiva de calcio. Durante la buena temporada, una gallina en libertad picotea para satisfacer sus necesidades minerales en el jardín. En invierno, confinada en su corral o gallinero, depende totalmente de lo que se le aporta.

Un error frecuente es descuidar este aporte específico cuando la puesta está parada, con el pretexto de que no es necesario. Es un razonamiento arriesgado.
La gallina necesita reconstituir sus reservas óseas (de donde extrae el calcio) antes de poder volver a poner. Si su alimentación de febrero es deficiente en calcio, instintivamente retrasará el reinicio de la puesta para preservar su esqueleto.
Además, la falta de calcio combinada con una carencia de vitamina D (ligada a la escasa exposición solar) crea condiciones propicias para huevos de cáscara blanda o sin cáscara, o incluso para la ausencia total de huevos.
Vers de farine y leguminosas: cambia el maíz por superalimentos
Para corregir el rumbo y transformar la dieta de invierno en una dieta eficaz para la pre-puesta, debemos recurrir a alimentos más funcionales. El objetivo es sustituir parte del volumen de granos por nutrientes densos. Aquí tienes algunas opciones accesibles para enriquecer la ración:
- Vers de farine secos: Verdaderas golosinas para las gallinas, contienen más del 50% de proteínas y son fáciles de almacenar. Un puñado al día es suficiente para potenciar el aporte.
- Leguminosas cocidas: Restos de lentejas, guisantes partidos o alubias (siempre bien cocidos, nunca crudos) son excelentes fuentes de proteínas vegetales económicas.
- Conchas de ostra molidas: Indispensables a libre disposición, permiten a cada gallina regular su aporte de calcio según sus necesidades inmediatas.
- Ortiga seca: Si recolectaste el verano pasado, es el momento de incorporarla picada en las papillas. Es rica en minerales y estimula la puesta.
Adopta desde ahora la dieta de primavera para asegurar los primeros huevos
El 6 de febrero marca a menudo un antes y un después, tanto en el jardín como en el gallinero. Es el momento ideal para efectuar la transición alimentaria. No se trata de cambiar bruscamente la alimentación de un día para otro, lo que podría causar trastornos digestivos, sino de invertir progresivamente la tendencia.
Disminuye cada día la parte de maíz y aumenta la de alimentos completos para ponedoras o mezclas enriquecidas con proteínas. De esta manera, aligeras el hígado de tus gallinas, detienes su ganancia de peso innecesaria y proporcionas los elementos básicos (proteínas y calcio) necesarios para la fabricación de los huevos.
Añadir un poco de agua tibia a las papillas matutinas también puede favorecer la asimilación de nutrientes e hidratar al animal, condición indispensable para la producción de un huevo. Sincronizando esta alimentación optimizada con el alargamiento natural de los días, los ponederos deberían recuperar una actividad regular.
Comprender que la bondad no siempre pasa por la abundancia es una lección clave tanto en el jardín como en el corral. Simplemente reequilibrando el comedero de tus gallinas a partir de hoy, priorizando la calidad nutricional sobre la cantidad energética, pones todas las probabilidades de tu lado para una temporada prolífica.
¿Y tú, cómo preparas a tus gallinas para la temporada de puesta?



