Padres abandonan a su hijo de 9 años: el diagnóstico de Gabriel nos dejó sin palabras

Padres abandonan a su hijo de 9 años: el diagnóstico de Gabriel nos dejó sin palabras

Imagínate un niño de 9 años que no puede caminar, sentarse, hablar ni comer por sí solo. Para Gabriel, cada día es una batalla constante. Su abuela, Jurgita, de 50 años, dedica cada uno de sus momentos a brindarle la mejor calidad de vida posible, realizando masajes y terapias para mantener sus movimientos y circulación. Pero la realidad es dura: la enfermedad no da tregua y las posibilidades financieras de la familia son limitadas. Su historia es un llamado urgente a la solidaridad.

Abandonado al nacer, un infierno de diagnósticos

La vida de Gabriel, desde su nacimiento, ha estado marcada por desafíos insuperables. Su abuela, Jurgita Golubevienė, lo acoge cuando solo tenía 10 meses. Sus padres biológicos lo habían abandonado, una decisión que sentó las bases de una odisea médica.

Una lucha sin tregua

Jurgita relata que al principio, en su primer medio año de vida, Gabriel no levantaba ni brazos, ni piernas, ni cabeza. Tras intensas semanas de hospitalización, finalmente se determinó una serie de complejas condiciones médicas: parálisis discinética, hidrocefalia, un trastorno del desarrollo y retraso mental severo. Estos diagnósticos impactan drásticamente su vida diaria y sus capacidades de movimiento.

Aunque su padre biológico, hijo de Jurgita, intentó cuidarlo por dos años más, la tarea resultó insuperable. Jurgita asumió entonces la tutela legal completa, comprometiéndose a ser el pilar de su nieto.

Rehabilitación: una montaña rusa de esperanza y retrocesos

A pesar de las adversidades, Jurgita nunca dejó de buscar ayuda para la rehabilitación de Gabriel. Lo llevaba a médicos, fisioterapeutas y se embarcó en un programa intensivo. Hubo momentos de luz: con una andador, Gabriel mostraba signos de mayor independencia, parecía que finalmente estaban avanzando.

Pero el destino tenía otros planes. Cuando Gabriel cumplió siete años, tras una serie de procedimientos médicos, su estado empeoró drásticamente. De repente, quedó prácticamente postrado en cama, perdiendo la capacidad de sostener su cabeza y volviéndose completamente dependiente.

Desde entonces, la vida de la familia se ha convertido en una sucesión de visitas a hospitales y tratamientos. Los ataques de discinesia se hicieron recurrentes, obligándolos a viajar constantemente y a buscar ayuda especializada, incluso en Vilna.

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La esperanza, un costoso implante

Inicialmente, los médicos no lograban identificar la causa exacta de sus convulsiones; se pensó en epilepsia, pero no se confirmó. La verdad era un ataque de discinesia. Tras probar innumerables medicamentos, incluso dosis para adultos, sin éxito, la única opción viable fue una cirugía cerebral. Le implantaron un estimulador cerebral, un dispositivo electrónico que regula su actividad cerebral mediante electrodos y un implante externo.

Por casi un año, Gabriel vivió de manera estable. Sin embargo, en los últimos dos años, la enfermedad ha vuelto a manifestarse, enviando señales preocupantes. Actualmente, se preparan para una nueva hospitalización, con la esperanza de ajustar el estimulador o encontrar nuevos tratamientos que mitiguen el avance de la enfermedad.

La vida diaria de Gabriel: un constante cuidado

La rutina de la familia gira completamente en torno a las necesidades de Gabriel. Intentan llevarlo a la escuela unas cuatro horas al día, y las sesiones regulares con fisioterapeutas y masajistas privados son cruciales. El pequeño no tiene autonomía: no puede coger juguetes, sentarse, pararse, hablar ni comer por sí solo, siendo alimentado exclusivamente a través de un biberón. Lo único que puede hacer es masticar.

Jurgita, con una fortaleza admirable, asume su rol con todo su corazón. Sabe que su misión es cuidar de Gabriel, y lo hace con todas sus fuerzas.

El costo de la esperanza

La rehabilitación de Gabriel es un trabajo diario que implica masajes y ejercicios para mantener la flexibilidad de sus articulaciones, previniendo contracturas y escoliosis. Cada sesión de masaje de una hora cuesta alrededor de 30 euros. Si no se realizan con la frecuencia necesaria, sus extremidades se tensan rápidamente, y las contracturas aparecen.

La familia necesita apoyo financiero, principalmente para cubrir los costos de los masajes. Su gran sueño es llevar a Gabriel a una rehabilitación especializada en Polonia, donde puedan evaluar de cerca sus caderas y estado físico general. Con los recursos adecuados, están seguros de que podrían impulsar significativamente la salud de su pequeño.

Si deseas contribuir a la rehabilitación de Gabriel y brindarle una oportunidad para una mejor calidad de vida, puedes hacerlo a través de los siguientes datos:

  • Fondo de Caridad y Apoyo a Gabriel Golubev
  • Número de cuenta: JA k. 307557268
  • IBAN: LT 03 7044 0901 1600 0645 SEB
  • Referencia del pago: «apoyo para Gabriel»

¿Qué opinas sobre la fortaleza de Jurgita y la lucha de Gabriel? Comparte tus pensamientos en los comentarios.

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