Landsbergis: la gente votó por mentirosos que luego enviaron a todos al diablo

Landsbergis: la gente votó por mentirosos que luego enviaron a todos al diablo

¿Te imaginas que quienes elegiste para gobernar te traicionen, te insulten y pongan en riesgo la seguridad de tu país? Si te sientes decepcionado con la clase política y las decisiones que amenazan el rumbo de tu nación, este informe te revelará por qué Landsbergis cree que la culpa es compartida y cómo la protesta cultural se ha convertido en la última línea de defensa. No te pierdas las claves para entender esta crisis y qué debes hacer al respecto.

La doble cara de la democracia: de la esperanza a la decepción

Es un hecho doloroso: a menudo, el voto popular termina validando a quienes luego demuestran ser indignos. El profesor Vytautas Landsbergis, una figura clave en la historia de Lituania, es directo al señalar esta desconexión. No culpa solo a los políticos, sino también a la sociedad por haber elegido a «mentirosos» que, tras ganar los comicios, han mostrado su verdadero rostro, actuando de manera ofensiva y dividiendo al país.

El chantaje del poder: ¿por qué los socialdemócratas temen al «lodo del Niemen»?

Landsbergis describe una situación alarmante: la coalición de gobierno se encuentra paralizada. Los liberales, que deberían ser una mayoría, están atados de manos ante la amenaza de «Nemuno aušra» (Amanecer del Niemen). Su mayor temor es perder el poder, ese acceso a los «flujos de dinero» y beneficios que tanto codician.

Esto lleva a una crítica mordaz: mientras la ciudadanía espera decisiones firmes, la clase política parece más preocupada por mantener su estatus que por servir al país. Según Landsbergis:

  • Los socialdemócratas evitan criticar las declaraciones polémicas de «Nemuno aušra».
  • El miedo a «no ser el grupo gobernante» los paraliza.
  • Prefieren priorizar las ganancias («babkių») sobre la integridad y el bienestar nacional.

La seguridad nacional en riesgo: ¿quién decide el destino de Lituania?

Quizás uno de los puntos más preocupantes que expone Landsbergis es cómo la presencia de «Nemuno aušra» en el poder, especialmente en decisiones cruciales como la financiación de la defensa, debilita la orientación de seguridad de Lituania. Se generan dudas sobre la financiación y el compromiso de alcanzar el objetivo, al menos, del 5% del PIB destinado a defensa.

Si no se cumple este objetivo, el mensaje enviado a los aliados será claro: Lituania no es tan confiable como proclama ser. Landsbergis ironiza sobre la hipocresía de declararse europeos y democráticos, para luego aceptar a quienes promueven ideas inaceptables, todo en aras de mantener unos pocos votos y beneficios económicos.

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La lucha por la nación: cuando la cultura se convierte en resistencia

Se hace eco de la escritora Kristina Sabaliauskaitė al afirmar que la protesta de la comunidad cultural no es solo por la cultura, sino por el futuro mismo del Estado. Landsbergis ve en esto una «última batalla» para evitar un escenario oscuro, donde predominan la demagogia y los discursos de odio.

Vivimos una «comprobación»: el «lodo» (refiriéndose a los discursos reaccionarios) dice que la gente los ama y sus índices de aprobación crecen. Landsbergis advierte:

  • Si la gente se deja seducir por la «grotesca» retórica, el resultado podría ser catastrófico, similar a un «Hitler» o «fascismo».
  • La protesta cultural puede convertirse en una «línea de defensa» si las personas no temen actuar con determinación.

Al recordar el Sąjūdis (el movimiento de independencia de Lituania), Landsbergis compara la lucha actual con aquella época. Entonces, se trataba de conquistar la libertad frente a un imperio. Hoy, la batalla es contra la corrupción del poder y los discursos que amenazan la identidad y seguridad del país.

En busca de un carácter firme: el llamado a la conciencia

«El destino de la nación» -afirma Landsbergis- no lo deciden quienes tienen conciencia, sino los mentirosos. Desde el día de las elecciones, quedó claro que habían llegado al poder quienes no solo mienten, sino que además insultan y denigran todo, incluida la propia independencia de Lituania.

Es un llamado a la reflexión: los líderes actuales, al estar embriagados por el poder y los beneficios que obtienen, ignoran los principios éticos. La nación corre el riesgo de «ahogarse» en la mediocridad y la corrupción que se le ofrece.

Su deseo para Lituania es que desarrolle un carácter fuerte, que se mantenga firme y valiente frente al mal, la degeneración y el «lodo» que se le presenta como una opción seductora. Debe ser rechazado, porque la apatía y la aceptación de lo mediocre solo conducen a la propia destrucción.

¿Y tú? ¿Crees que la culpa de la situación política actual recae solo en los políticos o también en los votantes? Comparte tu opinión en los comentarios.

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