Mantener una economía en marcha tiene un coste humano enorme
Sostener una economía moderna exige una reserva constante y masiva de energía humana. Cuando las crisis repentinas agotan la mano de obra disponible, son los ciudadanos de a pie quienes terminan cargando con el peso adicional.
Rusia está pidiendo ahora a su población un sacrificio extraordinario simplemente para mantener el sistema funcionando.
Rompiendo con décadas de legislación laboral
El presidente Vladimir Putin ha firmado recientemente una ley que obliga a los ciudadanos a pasar muchas más horas en el trabajo, según informó Bloomberg. La nueva legislación duplica efectivamente el límite anual de horas extraordinarias establecido en el país.
Durante el último medio siglo, el antiguo código laboral de época soviética fijaba un techo de 120 horas anuales de horas extra. Este nuevo decreto eleva ese límite hasta las 240 horas, es decir, el doble de lo permitido hasta ahora.
La ley también suprime garantías de seguridad fundamentales. Los empleadores podrán ahora llamar a sus trabajadores para cubrir turnos vacíos incluso en sectores peligrosos o con riesgos para la salud.
Un mercado laboral al borde del colapso
Este cambio de política tan drástico llega en un momento en que Rusia lidia con una escasez histórica de mano de obra. Según Bloomberg, el país tiene actualmente un déficit de 1,5 millones de trabajadores, una cifra equivalente a toda la población de una gran ciudad como Ekaterimburgo.
Las previsiones son aún más sombrías a largo plazo. La Unión Rusa de Industriales y Empresarios advierte de que ese déficit podría alcanzar los tres millones de personas en 2030.
Los documentos oficiales que justifican la medida sostienen que el incremento masivo de horas trabajadas cubrirá una necesidad inmediata de casi 50.000 nuevos puestos de trabajo. Los datos estatales afirman, además, que el 90% de la población está completamente dispuesta a asumir esta carga extra.
La guerra como causa directa de la crisis
Los datos económicos independientes dibujan un panorama mucho más oscuro. Los expertos atribuyen directamente la escasez de mano de obra a la guerra en Ucrania. El conflicto desencadenó movilizaciones militares repentinas, pérdidas devastadoras en el campo de batalla y una oleada masiva de hombres jóvenes que abandonaron el país.
Algunos multimillonarios vinculados al Kremlin han propuesto ideas incluso más radicales para tapar las grietas de la economía. Entre las sugerencias figuraban recuperar la semana laboral de seis días de la era estalinista o reincorporar al mercado laboral a un ejército de 40 millones de jubilados.
Una nueva normalidad que ha llegado para quedarse
Sin embargo, los demógrafos advierten de que la actual escasez de mano de obra no es una crisis pasajera, sino un fenómeno estructural. La caída de la natalidad y el rápido envejecimiento de la sociedad rusa garantizan que las fábricas seguirán sin cubrir sus plantillas durante décadas.
El demógrafo Igor Yefremov lo expresó con claridad: la situación actual del mercado laboral «no es una crisis, sino la nueva normalidad para las próximas décadas».



