Compraron una granja del siglo XVIII. Hoy los huéspedes vienen tanto por los interiores como por las vistas

Una transformación que respeta el pasado

En Český Krumlov, una de las ciudades más bellas de Europa Central, ha nacido un lugar que no compite con su entorno histórico, sino que se integra en él con una armonía sorprendente. Clementine House, situado a orillas del río Moldava, es el resultado de una renovación integral de un antiguo edificio agrícola de finales del siglo XVIII.

El proyecto llevó la firma de las arquitectas Lucie Němcová y Tereza Komárková, quienes junto a la inversora Anna Gášpárová crearon un alojamiento boutique basado en la idea del descanso consciente. No se buscaron grandes gestos arquitectónicos, sino una atmósfera construida a partir de la luz, los materiales y el arte.

Conservar lo más valioso

Durante la reforma se preservaron únicamente los elementos históricos de mayor valor: los muros de piedra y la estructura de madera vista. Las intervenciones nuevas son contemporáneas, pero desprovistas de ostentación formal.

Las arquitectas trataron los interiores como un fondo neutro para la vida, la luz y las futuras acciones artísticas. El resultado recuerda más a una galería bien compuesta que a un pensión tradicional.

La escalera azul como escultura arquitectónica

El elemento más reconocible del interior es, sin duda, la escalera. La antigua conexión exterior entre plantas fue reemplazada por un nuevo recorrido vertical dentro del edificio. Una estructura de acero azul oscuro atraviesa todos los niveles, actuando como una escultura que une el conjunto en un solo organismo.

Es un detalle de enorme peso compositivo. El color intenso de la escalera contrasta con la naturalidad de la piedra, la madera y los acabados minerales. Así, la circulación deja de ser una mera función técnica y se convierte en uno de los protagonistas del espacio.

El arte integrado en la arquitectura

En Clementine House el arte no aparece como decoración añadida al final del proceso de diseño. Desde la fase conceptual se le reservó un papel protagonista. En los dos apartamentos de la primera planta se instalaron grandes paneles deslizantes con obras originales del artista Patrik Hábl, que pueden dividir o unir el espacio, cambiando por completo el modo de habitarlo.

En las habitaciones de la buhardilla aparecen reproducciones de motivos tomados de la obra del mismo artista. El arte no decora: transforma.

Los materiales que construyen la atmósfera

El proyecto se sustenta en una paleta de materiales cuidadosamente seleccionada. La piedra natural subraya el carácter histórico del edificio. La madera aporta calidez, mientras que los acabados de cemento aplicados a mano otorgan a las paredes una textura sutil y una profundidad particular.

Los elementos de carpintería y cerrajería fueron diseñados de forma individual y ejecutados con una precisión excepcional. El mobiliario combina antigüedades restauradas con piezas de diseñadores checos y eslovacos, así como de productores locales. Un interior que no pertenece a una sola época, sino que entreteje con destreza distintas capas del tiempo.

El cuarto de baño como espacio de ritual

Las arquitectas prestaron especial atención a los baños, tratándolos no como estancias técnicas sino como una parte fundamental de la experiencia del huésped. Las bañeras se abren parcialmente hacia las zonas de dormitorio, difuminando la frontera entre la función cotidiana y el espacio de descanso.

La vista como parte del proyecto

Cada apartamento mantiene una relación directa con el entorno. Las ventanas enmarcan las vistas al Moldava, al jardín y a las terrazas que conducen a la piscina. De este modo, el paisaje pasa a formar parte del interior.

Esto resulta especialmente significativo en un edificio que durante años estuvo dividido en pequeñas habitaciones oscuras. Hoy el espacio se ha abierto y llenado de luz al máximo, conservando al mismo tiempo el peso propio de la arquitectura de piedra.

Architéka Lucie Němcová

Este estudio arquitectónico checo está especializado en proyectos residenciales, renovaciones e interiores con un vínculo profundo con el contexto del lugar. En la realización de Clementine House, la arquitecta Lucie Němcová desempeñó un papel clave, trabajando en estrecha colaboración con Tereza Komárková.

El estudio es reconocido por su trabajo minucioso con el material, la luz y la estructura preexistente de los edificios. Una manera de entender la arquitectura donde restaurar no significa borrar, sino escuchar lo que el tiempo ya ha construido.

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