¿Cansado de los mismos aperitivos de siempre? ¿Buscas algo que sorprenda a tus invitados y que además sea fácil de preparar? En mi última incursión culinaria, me topé con una receta tan inesperada como deliciosa: un bizcocho de espinacas con salmón. Al principio, la combinación me sonó exótica, pero la curiosidad pudo más y el resultado… ¡fue amor a primera vista! Este bocado no solo es visualmente atractivo, sino que su sabor es una autentica revelation. Si quieres deslumbrar sin pasar horas en la cocina, sigue leyendo, porque estoy a punto de compartir contigo un secreto.
El toque verde que lo cambia todo
Nunca pensé que las espinacas pudieran ser la base de un aperitivo tan elegante. La clave está en la textura y el color que aportan. Al triturarlas finamente, se integran maravillosamente, creando una masa suave y, sorprendentemente, nada que recuerde a la verdura cocida. Es una forma genial de **incluir más verde en tu dieta** sin que nadie se queje.
Un proceso sorprendentemente sencillo
Pensaréis que un bizcocho así debe ser complicado, pero os aseguro que no. El secreto está en separar las yemas de las claras y batir estas últimas a punto de nieve. Esto le dará una ligereza increíble a nuestro bizcocho.
- Primero, tritura 150g de espinacas congeladas (descongeladas y bien escurridas, ¡esto es importante!) hasta obtener un puré fino.
- En un bol, mezcla este puré con 2 yemas de huevo.
- Añade 2 cucharadas de harina y 1 cucharada de crema agria (o yogur natural espeso). Mezcla bien hasta obtener una masa homogénea.
- Por otro lado, bate las 2 claras de huevo con una pizca de sal hasta que estén a punto de nieve. Es fundamental que las claras estén firmes para que el bizcocho levante.
- Con movimientos envolventes y suaves, integra las claras montadas en la mezcla de espinacas. ¡Ojo! No batas en exceso para no perder el aire de las claras.
El horneado perfecto
Preparar la bandeja es tan fácil como poner papel de hornear. Si eres de los que temen que la masa se pegue, puedes untar ligeramente el papel con un poco de aceite vegetal, aunque no suele ser necesario.

- Extiende la masa uniformemente sobre el papel de hornear, dándole una forma cuadrada o rectangular.
- Precalienta el horno a 190°C (unos 375°F).
- Hornea durante unos 15-20 minutos, o hasta que el bizcocho esté tierno al tacto y ligeramente dorado.
Una vez horneado, deja que el bizcocho se enfríe completamente sobre una rejilla. Este paso es crucial para poder cortarlo sin que se rompa.
El toque final: sencillez y sabor
Aquí viene la parte más gratificante. Una vez frío, corta el bizcocho en 3 capas horizontales. ¡Sí, como un pastel! El grosor será menor al ser un bizcocho fino, pero suficiente para crear capas deliciosas.
Unta generosamente cada capa con queso crema (unos 200g). Si te gusta un toque más fresco, puedes mezclar el queso crema con un poco de eneldo picado o ralladura de limón.
Monta el pastel alternando capas de bizcocho y queso crema. La capa superior, en lugar de queso crema, la cubrí con 150g de salmón ahumado desmenuzado y unas hierbas frescas picadas. ¡Un contraste de textura y sabor espectacular!
¿El resultado final? Un aperitivo ligero, nutritivo y lleno de sabor que impresionará a todos. Lo corté en porciones individuales y desapareció en cuestión de minutos. Es perfecto para una reunión improvisada o simplemente para darte un capricho delicioso.
Y tú, ¿te animarías a probar esta combinación poco convencional? ¡Cuéntame en los comentarios qué opinas!



