Un error devastador
Probar armamento avanzado es siempre una apuesta de alto riesgo para cualquier gran potencia militar. Cuando una tecnología que cuesta decenas de millones de dólares falla de forma estrepitosa y pública, las consecuencias políticas y militares pueden ser enormes.
Esta semana, uno de los ensayos militares más seguidos por los analistas internacionales parece haber salido terriblemente mal. Según los informes, un misil hipersónico ruso Oreshnik sufrió un fallo durante una prueba de lanzamiento reciente y acabó impactando contra posiciones propias en la región ucraniana de Donetsk, actualmente bajo ocupación rusa.
Este misil de última generación tiene capacidad para transportar ojivas tanto nucleares como convencionales a lo largo de miles de kilómetros. Sin embargo, en este caso concreto, el proyectil se desvió de su trayectoria prácticamente desde el primer momento. Los expertos que monitorizan el conflicto consideran que el arma impactó por error sobre ciudades bajo control ruso situadas aproximadamente a unos 40 kilómetros de la línea del frente.
Las pruebas no dejan lugar a dudas
Grupos de análisis independientes ya han comenzado a examinar la evidencia disponible. El Instituto para el Estudio de la Guerra analizó imágenes en vídeo que mostraban varias explosiones masivas impactando sobre puntos de referencia locales, entre ellos un centro comercial en construcción. Los canales militares ucranianos también apuntaron a que el error derivó en impactos directos sobre unidades militares rusas.
Un golpe económico muy doloroso
El incidente tuvo lugar durante un ejercicio de doble lanzamiento coordinado desde el cosmódromo de Kapustin Yar, en el oeste de Rusia, el pasado 24 de mayo. Mientras un misil ponía rumbo a Kiev, el segundo falló poco después del lanzamiento, producido a la una de la madrugada.
Perder uno de estos ingenios supone un impacto económico severo para Moscú. Cada misil Oreshnik tiene un coste estimado de aproximadamente 40 millones de libras esterlinas. Rusia empleó esta tecnología por primera vez en noviembre del año pasado durante un devastador ataque contra la ciudad de Dnipro.
En aquel momento, la potencia destructiva del arma dejó atónitos a los observadores internacionales. Más tarde, Vladímir Putin alardeó abiertamente de la tecnología, afirmando que «actualmente no existen medios para contrarrestar este arma», dado que vuela a diez veces la velocidad del sonido.
El Kremlin en un momento complicado
Este sonado accidente llega en un momento especialmente inoportuno para el Kremlin. La directora del servicio de inteligencia británico GCHQ, Anne Keast-Butler, afirmó recientemente que Rusia «está retrocediendo en el campo de batalla» debido a que su avance se ha ralentizado de forma notable.
Los datos más recientes apuntan a que las fuerzas ucranianas están recuperando terreno. Por primera vez desde 2023, Ucrania está reconquistando más territorio del que pierde.
Para agravar aún más la situación de Moscú, las fuerzas ucranianas también lanzaron nuevos ataques con drones contra infraestructuras energéticas dentro del propio territorio ruso. El Estado Mayor de Ucrania confirmó que sus drones impactaron con éxito en la refinería de petróleo de Sarátov, desencadenando un incendio de grandes proporciones en una instalación reconocida por su papel de abastecimiento al esfuerzo bélico ruso.



